Prostitutas de sevilla prostitutas y enfermedades

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A finales de siglo hubo un nuevo intento de desalojo con el pretexto de edificar un convento, pero no fue posible eliminar el foco. A finales de siglo, la presión del jesuita padre León y los congregados consiguieron hacer cumplir las ordenanzas de en el sentido de estuvieran cerrada la Mancebía los domingos y días festivos. Algunas referencias nos indican que fueron bastantes para aquella población.

El padre Pedro León, que intentaba redimirlas, dice que tenía unas mujeres arrepentidas en centros de redención Casa Pía y Casas de Arrepentidas , que eran una pequeña parte. Los cuales todos no vienen a esta ciudad sino los días de fiesta, unos porque se ocupan de descargar y volver a cargar sus naos y otros a cobrar sus jornales.

La falta de conocimientos sanitarios y la promiscuidad de este colectivo la hacía presa ideal de enfermedades venéreas. Los capitulares se vieron sorprendidos por la nueva afección, contra la que no se conocía de momento remedio alguno.

En , el Ayuntamiento hispalense tuvo que comunicar a los Reyes Católicos la pavorosa expansión de las bubas entre la población, y ya no exclusivamente entre las mujeres de la Mancebía.

En se produjo otra epidemia de sífilis que fue llamada el " contagio de San Gil ", porque fue en este barrio de la Macarena donde, al parecer, se inició. Y es que en las décadas centrales de la centuria la enfermedad empezó a perder su aura de "maldición divina" gracias a los cocimientos del Palo de Indias "palo santo" o guayaco o las unciones mercuriales.

En una inspección que se llevó a cabo en un burdel en , se le impuso al "padre" -así se les llamaba a las personas que los regentaban- multa de doce reales por tener una prostituta sin la debida licencia, y se le ordenó a ésta abandonarlo bajo pena de cien azotes. Otra fue también obligada a abandonar el burdel porque estaba infectada y podía contagiar a sus compañeras. También tuvo que salir una tercera por su avanzada edad. Es decir, aproximadamente entre y maravedís.

Un servicio podía costar como la cuarta parte del salario medio cotidiano de un operario o jornalero. Este trabajo fue impreso en , en un volumen en folio, y constaba de 37 capítulos.

Entre estos había uno dedicado a las mujeres barraganas y deshonestas 4. He aquí algunas disposiciones referentes a la misma:. E por que la castidad, en mi tiempo no podía facer tal cosa: Tenía que haber perdido la virginidad antes de iniciarse en las labores del sexo y el juez, antes de otorgar el oportuno permiso, tenía la obligación de persuadir a la muchacha.

La labor de algunos clérigos como el padre Pedro León y hombres piadosos, llamados " congregados ", que trataban de convencer a las prostitutas de que abandonasen ese género de vida, sembró la alarma entre los " padres " a partir de , hasta el punto que llegaron las protestas al Ayuntamiento, por lo que consideraban una intromisión que iba contra los propios intereses de la ciudad, y es que la mayoría de las casas de la Mancebía pertenecían al Ayuntamiento, a hospitales o a instituciones religiosas.

Pero estas incursiones fueron el principio del fin de la Mancebía. Denominadas mujeres enamoradas , su presencia en las ciudades suponía una desleal competencia para las trabajadoras de la mancebía. Sin embargo, como hemos visto en la Ordenanza del Ayuntamiento, en Sevilla se prohibieron a primeros de siglo las casas de citas o " monasterios de malas mugeres ".

En la Sevilla renacentista también recibieron el nombre de "mujeres enamoradas" las cortesanas o "mujeres servidas". Las habitantes de este santuario nos ofrecen sus testimonios. Hoy soy una luciérnaga". Da igual si ellos dejaron de ser hijos; nosotras no dejaremos nunca de ser madres e iremos a ayudarlos aunque no nos quieran", explica Marbella Aguilar, de 60 años.

Ayer me llamó", dice con el tono bajo y esbozando una sonrisa. La Casa Xochiquetzal es un milagro en medio de un mundo cabrón que consume carne y almas. El tiempo pasó y se fue conformando un extraño hogar que hoy acoge a 20 mujeres con edades comprendidas entre los 51 y los 84 años.

En él, las habitaciones son compartidas, hay talleres de actividades, se imponen reglas para su buen funcionamiento y surgen, como en todo grupo, amistades y recelos: Es su responsabilidad limpiar cuartos y baños, que comparten, lo que a veces provoca fricciones.

Hay también una pequeña clínica donde algunas reciben oxígeno para sus mordidos pulmones, y una sala arriba en la que se imparten clases de todo: Se levanta, lee y todas, tras aplaudir, quieren también recitar sus textos.

En la sala donde desayunan, comen y cenan se esmeran en que al menos haya siempre tortitas. Generalmente, la espera en la fila era mayor que el tiempo que el soldado pasaba con la mujer. Antes del servicio se utilizaba el desinfectante y la mujer firmaba el pase , y a la salida el soldado debía entregar al oficial médico la lata vacía y el documento rubricado.

Algunos combatientes dejaron constancia, incluso, del proceso que debían seguir para poder ir al burdel en las cartas que enviaron a sus familias. Uno de ellos fue un tal Erich B. Una medida extrema que, probablemente, se llevó a cabo por recelo de los médicos. A ellos les da completamente igual si vamos a ver a una mujer o no. Pase lo que pase, nos ponen la inyección. La razón era sencilla: La primera fue entregar cuatro preservativos a los combatientes. La medida, no obstante, no fue aprobada.

Y es que a Roosevelt le pareció algo impopular que podía acabar con soldados muy enojados. La sífilis podía llegar a provocar severos dolores y la muerte.

prostitutas de sevilla prostitutas y enfermedades La norma, aprobada por una mayoría aplastante y poco frecuente en el Pleno, seguía guardada en un cajón hasta que recientemente Zoido anunció que las sanciones empezarían a aplicarse en octubre. Hoy este proyecto se tambalea. La Policía tenía órdenes del Ayuntamiento de aumentar su presencia en el Parque de Santo Domingo de la Calzada, en el entorno de Nervión, para ahuyentar a las prostitutas que durante años, casi veinte, se concentraban en la zona cuando caía la noche. El jefe del departamento de Microbiología del hospital Clínico Universitario de Sevilla y director del centro de Enfermedades de Transmisión Sexual ETSEvelio Perea, manifestó que el hecho de que la prostitución no esté reconocida supone un grave riesgo para toda la colectividad. Posteriormente, recibía un preservativoun bote de desinfectante y un informe en el que dejaba constancia de su buen estado de salud antes de entrar al prostíbulo militar.

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